Mark Twain dijo: ‘’Los dos días más importantes de tu vida son el día en que naces y el día en que descubres por qué’’ y ciertamente coincido en que el día de nuestro nacimiento es un evento de gran relevancia, pues una nueva vida empieza y además, en ésa fecha una vez pasados 18 años en México de acuerdo con la Constitución nos podemos considerar ciudadanos. Sin embargo, creo que somos ciudadanos desde que llegamos a este mundo, pues comenzamos a ejercer nuestro derecho a la vida y adquirimos un rol dentro de esta sociedad, en la que aprendemos costumbres, tradiciones y formas de relacionarnos que nos van encaminando a descubrir nuestro propósito en la vida.
Definir al ciudadano incluye una amplia variedad de ideas o pensamientos de acuerdo a quien lo describe, es un concepto dinámico que ha atravesado diversas transformaciones a lo largo de la historia debido a que las cosas siempre cambian, nosotros como seres humanos cambiamos y por lo tanto es necesario un orden diferente en lo que nos rodea. Una definición que a mi parecer se puede ajustar a cualquier época es ‘’ser un ciudadano es una forma de vida’’, pues cada periodo de la historia tiene algo que lo caracteriza y que se ve reflejado en sus ciudadanos.
Ser ciudadano significa comprometerse con las personas y el entorno que nos rodea, disfrutar de las cosas buenas que tenemos y saber enfrentarnos a las adversidades planteándose siempre alguna meta. En el ciudadano se reflejan las virtudes del ser humano, que nos permiten buscar la felicidad que según Aristoteles es el fin último del hombre, ‘’la virtud es un hábito bueno; no es innata, sino adquirida a base de esfuerzo, a lo largo de muchos actos buenos. Con la virtud se perfeccionan las facultades humanas y se facilita el acto honesto.’’ (Gutiérrez Sáenz, 2006, p. 60). Algunos ejemplos de actos buenos de los que me he percatado en la vida cotidiana van desde el saludar a los demás con amabilidad, ceder el asiento en el camión a personas mayores, discapacitados, personas con bebés, mantener los espacios limpios, ayudar a quién lo necesita siempre que podamos, ser justos y honestos con los demás y nosotros mismos.
También, el ser ciudadano implica que tenemos derechos y obligaciones. Hay que valorar el esfuerzo que hicieron las personas que han luchado para lograr tener los derechos que tenemos hoy en día, y hacernos responsables de lo que nos corresponde como obligación, porque no vivimos en lo individual formamos parte de un colectivo que funciona a partir de nuestras acciones. Como lo dice Wacqant (2002, p.19) ‘’la coordinación del cuerpo, la conciencia individual y la colectividad que le dan forma y lo hacen vibrar día a día es la vida misma, es todo el hombre, lo que descubrimos. Y que descubrimos en nosotros’’.
Alguna vez leí una frase que decía ‘’Se le permite ser tanto una obra maestra como una obra en progreso, simultáneamente’’, desconozco el autor, pero me parece que puede ser apropiada para describir al ciudadano. Tenemos que reconocer nuestro valor como seres humanos que formamos parte de esta sociedad, pero también sería muy bueno ver más allá para esculpirnos, tal como la metáfora del escultor. Necesitamos una introspección de nosotros mismos y cuestionarnos el tipo de ciudadanos que queremos ser, interrogarnos cómo queremos ver nuestra ciudadanía y qué estamos dispuestos a hacer, como buenos artesanos que podemos ser.
Vivimos en un mundo muy diverso, la cultura se hace presente en cada ciudadano, no debemos olvidar que cada cultura es diferente y sus aportes son muy valiosos. Siempre hay algo que aprender y mucho por descubrir, el ciudadano no está solo presente en un municipio, estado o país, los ciudadanos conforman al mundo, por lo que el respeto debe prevalecer en todos los aspectos, conocer y valorar ésa diversidad nos abre un horizonte del valor que tenemos en esta sociedad.
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
Gutiérrez Sáenz, R. (2006). Historia de las doctrinas filosóficas. Esfinge.
Wacqant, L. (2002). Entre las cuerdas. Siglo veintiuno editores. 090
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